Los Alpes suizos: un destino de altura

La montaña suiza esta increíblemente acondicionada para el visitante. Hay numerosos teleféricos y trenes cremallera a lo largo y ancho del país que facilitan la llegada a lugares bastante inaccesibles. Y además de la naturaleza, hay infinidad de pueblos y ciudades de postal, aunque en este viaje nos centramos más en la parte natural, pues ya habíamos estado antes en Suiza y conocíamos muchos de los pueblos y ciudades. Viajamos en coche desde Bilbao hasta Berna en el mes de Julio. El verano es la época ideal para conocer los Alpes suizos ya que en invierno la nieve impide el acceso a muchos lugares de la montaña.

Desde la preciosa ciudad de Berna nos desplazamos a Interlaken, un pueblo sin demasiado encanto, pero estratégicamente situado para las visitas delos siguientes días. Al día siguiente nos dirigimos hacia uno de los lugares emblemáticos de los Alpes, el Jungfrau. Se trata de una cumbre de más de 4000 metros, mítica del alpinismo suizo. Y lo bueno es que se puede llegar prácticamente hasta sus pies a bordo de un increíble tren cremallera, que nos deja en una cima secundaria, el Jungfraujoch. Conviene subir un día despejado porque el tren es realmente caro y si subes con mal tiempo vas a ver muy poco.  Subimos desde Grindelwald y tras un trasbordo en Keine Scheidegg el tren se introduce en el interior de la montaña y tras dos paradas en unos miradores excavados en el interior de la propia roca llega a la estación de Jungfraujoch (3454 metros). El paisaje que se puede contemplar desde las terrazas es espectacular, el glaciar Aletsch, el más grande de Europa se extiende hasta donde se pierde la vista y pudimos caminar sobre una parte del mismo. Tras pasar unas horas arriba en el viaje de vuelta nos paramos en la parada de Keine Scheidegg para acercarnos a las paredes de los míticos Eiger, Mönch y Jungfrau. Seguimos una preciosa ruta de senderismo que sigue por las faldas de las montañas hacia Grindelwald y en unas dos horas llegamos al punto donde habíamos cogido el tren de subida. Ya en Grindelwald vimos los dos glaciares que bajan hasta las inmediaciones del pueblo. El superior está acondicionado mediante escaleras en la propia roca y varias pasarelas. El circuito por las rocas es precioso.

Al día siguiente nuevamente desde Interlaken nos dispusimos a conocer el espectacular valle de Lauterbrunnen. La primera parada fue el propio pueblo de Lauterbrunnen, un puñado de casas de estilo alpino suizo encajadas en un valle de altísimas paredes verticales por donde se dejan ver cascadas que caen desde la parte superior. La más conocida y pintoresca es la de Staubbachfall, de unos 270 metros, muy cerca del pueblo. Una vez visitado el pintoresco pueblo y la cascada nos dirigimos a las cataratas de Trümmelbachfalls, realmente curiosas porque son unas cataratas que caen por el interior de la montaña en diferentes saltos. Un sistema de túneles, ascensores y escaleras nos permitieron ascender por ellas. Desde el interior de la montaña el rugido del agua al caer es atronador. Hay numerosos miradores a lo largo del recorrido y también hacia el valle. Tras comer algo nos dirigimos a Mürren, uno de  los pueblecitos situados en terrazas sobre el valle. Es un pueblo precioso, peatonal y solo accesible en teleférico o a pie. Dimos un paseo por un pequeño sendero señalizado de un ahora que ofrecía unas vistas espectaculares del valle y de las cimas del Eiger, Mönch y Jüngfrau. Tras dar un pequeño paseo por el agradable pueblecito subimos al Schiltorn tomando otro teleférico. Allí se encuentra un famoso restaurante giratorio, el Piz Gloria, que se hizo famoso a raíz de su aparición en una película de James Bond. Las vistas desde aquí superan las que encontramos prácticamente en todos los Alpes. Tras bajar al valle nos quedaban un par de horas de luz que aprovechamos en Wengen, otro pueblecito situado en el mismo valle y solo accesible por ferrocarril o teleférico. Dimos una vuelta por el precioso pueblo, excepcionalmente cuidado como todos en Suiza, y disfrutamos de más vistas.

El día siguiente lo dedicamos a la zona de los dos lagos que rodean Interlaken. Por la mañana, nos dirigimos a la cima del Niesen en el lago Thunersee. Es una montaña bastante modesta (2362 metros) pero con unas vistas sobre el lago y las grandes cumbres de los Alpes realmente espectaculares. Llegamos fácilmente en funicular desde Mülenen, prácticamente hasta la cima. En la cumbre hay un hotel, un restaurante y sobre todo vistas increíbles. Tras disfrutarlas bajamos de nuevo en funicular y nos dirigimos al este hasta el Brienzersee, el otro lago que baña Interlaken. Allí subimos a otro impresionante balcón, el Brienzer Rothorn. Subimos en un pintoresco tren a vapor desde Brienz. El recorrido es de cuento de hadas y la vista del lago turquesa y las montañas desde la cima es otra vez indescriptible. Desde allí había numerosas rutas de senderismo pero nos quedamos con las ganas pues no teníamos tiempo. Descendimos de nuevo en el maravilloso tren y aprovechamos lo poco que quedaba de día para visitar las bonitas cascadas de Giessbach, en la orilla sur del lago. Hay un hotel y un corto sendero con un puente sobre la cascada. Terminamos el día en Brienz, otro encantador  pueblo con sus casas de madera.

Con el nuevo día nos dirigimos a visitar el glaciar de Trift y sobre todo el espectacular puente colgante de estilo nepalí que atraviesa la garganta, el Triftbrücke. Desde Gadmen, al oeste de Brienz, se toma un teleférico que te deja a algo menos de dos horas del puente. La caminata resultó muy agradable a lo largo del valle hasta que de repente llegamos a un punto en el que apareció ante nosotros una imagen impactante. Al fondo el glacial con el lago de un turquesa impresionante justo debajo y el increíble puente cruzando la garganta a unos 100 metros de altura. Cruzar el puente es una experiencia realmente única. Aunque era un poco pronto aprovechamos para comer allí y disfrutar de la espectacularidad de lugar. Además estábamos casi solos, a pesar de hacer un día impresionante y ser pleno mes de Julio. De nuevo regresamos hacia Brienz, y aprovechamos para ver una serie de atracciones naturales ‘menores’ en las cercanías de Meiringen,  como la garganta del Aare – un precioso recorrido de poco más de un kilómetro por pasarelas y puentes -, las cataratas de Reichenbach – unas bonitas cataratas donde Doyle mató al personaje de Sherlock Holmes, y a las que se accede en funicular- y  la garganta de Alpbachschlucht – otro precioso paseo esta vez bastante empinado y con buenas vistas -.

Los dos días siguientes fuimos hacia el Norte. El primero de los dos días visitamos el Monte Pilatus en las cercanías de Lucerna. Como seguía haciendo un tiempo excelente aprovechamos para subir a este monte desde Lucerna en teleférico. No es una montaña muy alta (2128 metros) pero la vista desde la cumbre hacia el lago de Lucerna con sus numerosos brazos es sencillamente espectacular. También se puede llegar en tren cremallera. Una vez arriba una serie de sencillos caminos conducen a diferentes miradores, a cada cual más sobrecogedor. También hay un paseo por una galería excavada en un acantilado con vistas que merece la pena y una capilla preciosa en el borde del acantilado a la que se puede llegar andando desde la estación superior. Tras disfrutar de todos estos puntos y comer en el Pilatus pasamos lo que nos quedaba de día en Lucerna, una ciudad increíble, con un casco antiguo encantador como sacado de un cuento. Destaca especialmente su puente de madera.

Continuamos el viaje hacia el este para visitar la región de Appenzell. Esta zona es preciosa, con pueblos de ensueño y un paisaje suave que se vuelve más montañoso en la zona de Alpstein. Paseamos un poco por el precioso pueblo de Appenzell mientras hacíamos algunas compras. Desde Wasserauen cogimos un teleférico que nos llevó a Ebenalp, una zona con vistas increíbles. Allí hicimos una pequeña ruta pasando por la capilla de Wildkirchli hasta llegar al restaurante de Aescher, un edificio de madera en un emplazamiento espectacular bajo la pared de roca y que habíamos visto en numerosas postales. Tras comer y disfrutar de las vistas nos desplazamos hasta Schwägalp, punto de acceso al monte Säntis, la montaña más alta de Alpstein. En la estación de la cumbre nos encontramos unas instalaciones perfectamente habilitadas para disfrutar de las vistas con miradores fabulosos sobre esta parte de los pre-Alpes. Tras bajar de la montaña aprovechamos para visitar el lago Walensee una hora al sur. Es un lago de un verde turquesa precioso y a lo largo de la carretera hay diferentes miradores que permiten apreciar un paisaje de ensueño.

A la mañana siguiente el tiempo empezó a cambiar pero todavía seguía sin llover. Paramos en Bad Ragaz, un bonito pueblo y aprovechamos para ver la garganta de Taminaschlucht, un precioso recorrido por pasarelas excavadas en la roca de la estrechísima garganta. Continuamos hacia el Gran Cañón Suizo, Ruinaulta. Es un cañón hecho por un afluente del Rhín realmente pintoresco por las extrañas formaciones rocosas que lo bordean. Es una caminata de unas 3 horas ida y vuelta sin mayor dificultad y que lleva a una plataforma de observación espectacular.  De camino se pasa por unos lagos color turquesa increíbles. Tras la caminata visitamos el pueblo de Flims. Tras comer seguimos al oeste hacia el paso de montaña de Oberalp. Desde allí hicimos una ruta circular hasta las fuentes del Rhin. Como empezamos tarde apretamos el paso y conseguimos hacerlo en menos de cuatro horas. Es un recorrido circular que ofrece unas vistas espectaculares y llega al lago Tomasee, la fuente del Rhin. Sin tiempo para más seguimos hasta Andermatt donde hicimos noche.

El día siguiente el tiempo se terminó de estropear y nos limitó bastante, ya que pretendíamos hacer un recorrido circular en coche por algunos de los pasos de montaña más emblemáticos de los Alpes. Empezamos subiendo el mítico San Gotardo, donde pudimos ver el precioso puente del Diablo y la mítica carretera adoquinada de la Tremola. No obstante las nubes y los chaparrones no permitían contemplar el paisaje. Tras el Gotardo nos dirigimos a Nufenenpass, también con vistas impresionantes. Seguimos al norte hasta Gletsch, donde se despliegan los pasos  de Furka y Grimsel, uno en cada dirección. En la subida al Furkapass nos encontramos con otro lugar mágico, el glaciar del Ródano que parece querer engullir un hotel situado en el borde de la carretera. La imagen es espectacular y se puede visitar el final del glaciar, con una cueva excavada en el hielo, en un paraje realmente mágico. Tras completar el puerto de montaña deshicimos el camino y subimos el Grimselpass. Paramos numerosas veces a disfrutar de vistas aunque muy mermados por la lluvia. Nos alojamos en Fiesch.

El día siguiente nos dedicamos a explorar otra de las maravillas naturales de Suiza, el glaciar Aletsch, que ya habíamos visto desde uno de sus extremos en el Jungfrau. Subimos en teleférico hasta el Eggishorn, un increíble mirador sobre la parte inferior del glaciar. La sensación de estar en la montaña sobre un inmenso río de hielo es indescriptible. Desde allí hicimos una ruta de unas 3,5 horas hasta el pico Bettmerhorn, sin perder de vista el glaciar. Desde allí utilizando de nuevo el teleférico bajamos al valle y tras comer nos dirigimos a otro punto espectacular del glaciar: el puente colgante entre Riederalp y Belalp. De nuevo accedimos en teleférico y tras pasar por el majestuoso puente colgante de estilo nepalí a unos 100 metros sobre la garganta llegamos al precioso mirador de Riederalp, unas tres horas después. Allí apuramos lo que quedaba de día.

Continuamos el viaje hacia Zermatt y el mítico Cervino o Matterhorn, el monte que sale en una famosa marca de chocolates. Para llegar al precioso pueblo de Zermatt tuvimos que dejar el coche en Täsch y continuar en tren, el único transporte permitido. Allí tomamos el famoso y caro tren cremallera a la estación de Gornergrat (3089 metros), un lugar  espectacular sobre una lengua glaciar y con una vista inigualable del Cervino. Bajamos hasta el glaciar y dimos algunos  paseos por las cercanías de la estación de tren. Después decidimos bajar caminando hasta la siguiente parada del tren (lo puedes coger y dejar donde quieras) y así disfrutamos de nuevas perspectivas del espectacular Cervino. Después seguimos en el tren hasta la parada de Riffelalp, donde seguimos una bonita ruta de unas tres horas por algunos de los más bonitos lagos de la zona como el Stellisee, Grindjisee o Grünsee. Después bajamos en tren hasta el pueblo de Zermatt y visitamos el coqueto pueblo con sus preciosos edificios de madera. Nos dirigimos a Sion a pasar la última noche.

Iniciamos el regreso a casa pero antes una última parada: aprovechamos la mañana para subir en teleférico hasta Mont-Fort un impresionante mirador hacia el Mont Blanc y una inmensa cantidad de cumbres de los Alpes. Conducimos hasta Verbier y allí subimos hasta e espectacular mirador. No teníamos tiempo para entretenernos mucho y tras disfrutar de las vistas iniciamos el descenso y el largo regreso a Bilbao.

 

Datos prácticos:

Alojamiento: Para alojarnos durante el viaje echamos mano de hoteles sencillos y algún B&B aunque no son demasiado abundantes en Suiza. El alojamiento a este nivel no es excesivamente caro.

Teleféricos: El buen número de trenes de montaña y teleféricos que usamos nos supuso un presupuesto importante, ya que no son nada baratos. Especialmente caros son el de Gornergrat y sobre todo el del Jungfrau.

Conducción: Para conducir por las autopistas de Suiza – lo que es prácticamente obligado - hay que adquirir una viñeta a la entrada del país que sirve para todo el año – cuando hicimos el viaje no había opción de adquirirla para períodos más reducidos.

Comidas: El nivel de vida en Suiza es extremadamente alto, por lo que comer fuera o simplemente comprar comida en un supermercado para hacer un picnic es realmente caro.

Clima: los Alpes suizos son una zona de alta montaña y por tanto encontraremos hasta nieve en algunas zonas, incluso en pleno verano. Conviene llevar ropa adecuada especialmente cuando hagamos alguna visita o ruta por la montaña.