Vancouver y los Parques del Oeste de Canadá

A lo largo de este viaje conocimos algunos de los parques nacionales del oeste de Canadá, donde se encuentran algunos de los mayores tesoros naturales de América del Norte. Un viaje por un entorno  natural casi salvaje, con apenas población y una sensación indescriptible de visitar zonas de naturaleza virgen totalmente solitarias.

Para empezar el viaje tuvimos que hacer un larguísimo vuelo hasta Vancouver, con escalas en Frankfurt y Toronto. Vancouver es una ciudad excepcional, que mantiene un equilibro perfecto entre desarrollo urbano y una ubicación natural espectacular, rodeada de montañas y separada de la isla de Vancouver por el estrecho de Georgia. Aunque nuestro objetivo era explorar los parques nacionales estuvimos tres días en esta maravillosa ciudad. La verdad es que no paramos y nada tiene que envidiar Vancouver a otras ciudades americanas con más fama como Nueva York o San Francisco. La cantidad de lugares interesantes que visitamos – y los que nos dejamos – fue realmente impresionante.

Aunque la visita a Vancouver daría para un artículo entero, destacaría la parte del puerto y el Gastown, la parte más antigua de la ciudad. Allí pudimos ver los edificios más típicos del viejo Vancouver, la Harbour Centre Tower, una torre con impresionantes vistas de esta parte de la ciudad y el Canada Place, un complejo junto al mar con apariencia de barco que contiene hoteles, la terminal de cruceros y que ofrece un precioso paseo para disfrutar de más vistas de la zona. También aquí pudimos ver algunos edificios curiosos como uno que se  asemeja mucho al Flat Iron Building de Nueva York. Ya más hacia el  centro un paseo por las calles Robson, Georgia y Howe nos permite conocer la parte más moderna de la ciudad con preciosos edificios como la Art Gallery en un imponente edificio cásico en una preciosa plaza, Robson Square. También visitamos el Chinatown, un distrito muy auténtico.

El segundo día en Vancouver lo dedicamos a ver algunas zonas menos céntricas. Hacia el sur, pasando por el puente Granville, llegamos a Granville Island, una antigua zona industrial, increíblemente reconvertida a zona de galerías de arte, restaurantes, etc…. con unas vistas impresionantes de la ciudad. Al oeste de Granville el parque Vanier alberga algunos de los museos de la ciudad con sus impresionantes edificios y un bonito paseo costero con más vistas. Por la tarde nos desplazamos al norte de la ciudad, primero al enorme parque Stanley, una zona enorme con rutas de senderismo, playas y atracciones como el aquarium, y tras cruzar el pintoresco puente de Lions Gate llegamos a la zona Norte de Vancouver. Allí visitamos el Lonsdale Quay Market, una zona comercial sin demasiado interés pero con fabulosas vistas sobre el canal hacia la ciudad, y el Lighthouse Park. Esta zona es una zona preciosa costera con unos paisajes increíbles. A pesar de estar muy cerca de Vancouver ya empezamos a ver los carteles avisando de la presencia de  los osos, muy comunes en toda esta zona de Canadá. Seguimos un sendero hasta el faro donde disfrutamos de preciosas vistas.

Y el último día en la ciudad lo dedicamos a ver el impresionante Capilano Suspension Bridge, un enorme puente colgante al estilo de los que  se pueden ver en rutas de montaña por ejemplo de Suiza o Nepal, y situado en un precioso cañón con enormes árboles sobre los que hay plataformas que permiten caminar por los mismos. Una experiencia sensacional. Aquí, al igual que en Stanley Park y en muchas otras zonas de Canadá pudimos ver una buena muestra de los tótems indios típicos de la región.  También subimos a la Grouse Mountain en teleférico para disfrutar de impresionantes vistas de esta enorme y fabulosa ciudad.

Y tras disfrutar de Vancouver nos dirigimos a la isla de Vancouver en ferry. Llegamos a Swartz Bay y de allí seguimos hasta Victoria. Visitamos esta pequeña pero coqueta ciudad, con un puerto muy interesante, los magníficos Parliament Buildings, el parque Thunderbird con sus coloridos tótems y algunas atracciones interesantes más. Desde aquí nos dirigimos al primer Gran Parque Nacional que visitamos: Pacific Rim. El primer día nos desplazamos hacia Port Renfrew. Allí empezamos a ver unos paisajes costeros excepcionales, con los bosques cayendo hasta la propia costa y parajes de una belleza sin igual. Hicimos una pequeña parte del West Coast Trail, una larguísima y espectacular ruta de senderismo por la costa que requiere de varios días para completarse, pero no disponíamos de tanto tiempo. Al día siguiente fuimos a otro sector del parque en la zona de Ucluelet. Esta zona es más sencilla de visitar ya que hay una carretera que discurre paralela a la costa hasta Tofino. La playa de Long Beach es una impresionante y salvaje extensión de arena, donde puedes encontrar numerosos troncos arrastrados por el mar, algas y medusas de tamaños descomunales. Se pueden hacer pequeñas rutas de senderismo por la playa o alrededores y también hasta varios miradores con bonitas  panorámicas. El centro de información de Wickaninnish está situado en la propia playa en un edificio muy pintoresco. Nos quedamos un día más en Tofino para explorar algún rincón más y disfrutar de un  crucero de avistamiento de ballenas. Desde una zodiac tuvimos la suerte de ver varias ballenas, focas, leones marinos y algunos parajes costeros espectaculares.

Regresamos al continente desde Nanaimo nuevamente en ferry y nos dirigimos a Whistler, que fue sede de los juegos olímpicos de invierno de 2010. A lo largo de los 100 Km de carretera hasta allí pusimos disfrutar de un paisaje que te deja sin palabras: cascadas, montañas y fiordos, solo un aperitivo de lo que nos esperaba. En Whistler subimos en telesilla hasta la estación de esquí para disfrutar de unas maravillosas vistas. Siguiendo hacia el norte de Whistler seguimos viendo paisajes de lagos y montañas. Atravesamos una zona más desértica con algún pueblo realmente pintoresco – recuerdan mucho  a los del Wild West de Arizona – y seguimos hasta 100 Mile House, a 4 horas de Whistler. Desde allí nos dirigimos al parque Nacional de Jasper, a unas 4 horas en coche. Lo primero que visitamos fue la zona del Monte Robson, el más alto de las Rocosas. Allí hicimos dos rutas de senderismo cortas: Kinney Lake Trail y Overlander Falls Trail. Es una zona preciosa donde disfrutar de paisajes impresionantes. Desde allí nos dirigimos a la localidad de Jasper, en el corazón del parque.

A la mañana siguiente subimos al Monte Whistler – con el mismo nombre que el visitado en la estación de esquí - en teleférico, muy cerca del pueblo. La vista desde la cima sobre buena parte del parque con sus bosques y lagos es verdaderamente bonita. Tras disfrutar del paisaje descendimos y nos dirigimos al valle del Maligne Canyon. Allí se pueden ver dos lagos de postal, el Medicine y el Maligne, además de diferentes cascadas que se pueden ver desde los puentes de la ruta que recorre el Maligne Canyon a pie. A lo largo de la carretera que sigue por el valle hay varios miradores y al llegar al lago Maligne hicimos un viaje en barco para llegar hasta la icónica Spirit Island, un islote en el fondo del lago con unos pocos pinos, que es una de las imágenes más evocadoras y conocidas de las Rocosas canadienses. Sin tiempo para más regresamos a Jasper. Al día siguiente continuamos viendo verdaderas maravillas naturales. Por la mañana nos dirigimos al monte Edith Cavell, donde un sendero lleva al espectacular Angel Glacier y su lago, de un color verde esmeralda y con numerosos bloques de hielo flotando. No muy lejos nos encontramos con las poderosas cascadas de Athabasca. Allí un circuito perfectamente señalizado y habilitado, al igual que en todos los principales puntos de interés del parque, permiten ver las cascadas desde diferentes perspectivas. Por la tarde nos dedicamos a explorar algunos lagos más como el Pyramid, bajo la montaña del mismo nombre, y el lago Patricia y terminamos el día en las piscinas termales de Miette Hot Springs, al aire libre y en un entorno natural idílico.

Con el nuevo día dejamos Jasper y tomamos la carretera 93 (Icefields Parkway) hacia Banff. Esta carretera es un verdadero parque temático de la naturaleza. No solo por las atracciones naturales señalizadas sino porque en cada curva te encuentras con paisajes grandiosos que te hacen parar para poder sacar una fotografía. El río Athabasca deja verdaderas obras de arte en sus paisajes. Pasamos por otras cascadas, las Sunwapta y llegamos al glaciar Columbia, ya en tierras del parque nacional de Banff. Llegamos hasta el mismo hielo y pudimos caminar un tramo sobre el mismo. Siguiendo hacia el sur por la 93 llegamos a otro punto de gran belleza: la confluencia de los ríos North Saskatchewan, Howse y Mistaya. Muy cerca visitamos el cañón de Mistaya Canyon, un lugar de espectaculares paredes verticales y donde el río ha formado un impresionante arco natural. A partir de aquí se empiezan a suceder los lagos de aguas azul-verdosas que te dejan sin aliento. El más espectacular es el lago Peyto. Se accede por un corto sendero desde el aparcamiento a un mirador que ofrece una vista área difícil de describir: es otra de las estampas típicas que aparecen de las Rocosas en todos los  sitios. Desde el mirador del lago Peyto hicimos una pequeña ruta de senderismo que ofrece espectaculares vistas del propio lago así como del siguiente situado al sur: el Bow, otro lago espectacular por su color y por las montañas que lo rodean. Esta zona suele estar  muy frecuentada por osos grizzlies pero afortunadamente no nos topamos con ninguno. De nuevo en la carretera hacia el sur llegamos al Bow Lake donde pudimos disfrutarlo desde la propia orilla. Como ya no había tiempo para más nos dirigimos a Banff, nuestro alojamiento para los próximos días, y sede del Parque Nacional de Banff.

Tras descansar en el bonito y típico pueblo de Banff al día siguiente retrocedimos por la carretera 93 hasta donde la habíamos dejado el día anterior. Visitamos Lake Louise, un gran lago de aguas turquesas en el que se ha habilitado un precioso paseo por su orilla que cuenta con un enorme hotel en forma de castillo. Hicimos una ruta de senderismo que sube hasta otro lago más pequeño, el Agnes, y que continua hasta el punto conocido como Devil’s Thumb, con espectaculares vistas aéreas sobre ambos lagos. Esto nos llevó toda la mañana pero valió la pena cada paso de la ruta porque el  paisaje y las vistas son espectaculares. Después de comer fuimos por una preciosa carretera hasta el Ten Peaks Valley donde está el espectacular lago Moraine, una obra de arte de la naturaleza. Es un lago de un azul espectacular rodeado por numerosos picos de gran altitud. Allí alquilamos una canoa para dar una vuelta por el lago – una experiencia muy recomendable – y después dimos un paseo por su orilla y subimos hasta una pequeña colina, Rockpile,  que hay en la cabecera del lago y desde donde se sacan unas fotografías estupendas. Este lago es realmente el más espectacular de todos y eso que es difícil quedarse con uno. Tras esto volvimos por la carretera 93 hasta Banff haciendo diferentes paradas en miradores y rincones de esta espectacular carretera.

El último día en Banff lo iniciamos subiendo en teleférico a la Sulphur Mountain, donde un recorrido por unas pasarelas de madera nos descubre panorámicas maravillosas de la zona de Banff, el río y las montañas. Después nos dirigimos al enorme lago Minnewanka, al este de Banff, otro precioso lago con montañas y donde nos encontramos con un islote similar al Spirit Island de Jasper. Otro lugar memorable. Desde el lago seguimos un pequeño sendero hasta Bankhead, una antigua población minera. No queda mucho que ver pero los carteles te van explicando el interesante origen del lugar. Para finalizar la visita al parque recorrimos la Bow Valley Parkway, una carretera paralela a la carretera 93 que discurre por el otro lado del río Bow y ofrece unas buenas vistas del mismo en numerosos parajes y recovecos de la carretera. Allí hicimos un precioso sendero  hasta Johnston Canyon, una garganta con dos espectaculares cascadas. El sendero discurre a través de un bonito bosque.

El día siguiente lo dedicamos al parque nacional de Yoho, un parque más pequeño que los otros pero que alberga verdaderas joyas. Primero nos adentramos en el precioso valle de Yoho y visitamos las cascadas de Takakkaw, un lugar con encanto, a las que se llega tras un sendero sencillo. Después nos dirigimos al lago O’Hara. Este lago no se puede visitar en vehículo privado y hay que reservar con mucha antelación la visita, nosotros lo hicimos con meses. Te llevan en un autobús que te deja en el impresionante lago. Aprovechamos para hacer solo una pequeña parte del circuito alpino y disfrutar de unas alucinantes vistas del algo. No  completamos todo el circuito porque queríamos coger el primer autobús de vuelta y seguir visitando el parque.  El lago y su entorno un lugar único y durante el trayecto pudimos ver osos desde las ventanas del autobús. Ya por la tarde visitamos el Lago Emerald, de un colorido impresionante y el Natural Bridge, una formación rocosa que crea un  puente natural sobre el río Kicking Horse. Por último para terminar nuestro recorrido en el parque hicimos un pequeño sendero hasta Hodoo Creek, unas torres de roca erosionadas similares a las de Bryce en Utah. Salimos del parque y nos alojamos a medio camino del Glacier National Park.

Este parque es más complicado de visitar ya que no hay atracciones cerca de la carretera como en los otros. Solo se puede visitar mediante rutas de senderismo, sino solo se pueden ver vistas muy lejanas de la parte atravesada por la carretera. En Rogers Pass hay un centro de interpretación del parque y desde el mismo centro hay vistas preciosas  por todos los alrededores. Poco después se puede tomar un desvío a Loop Brook Campground, donde hay un par de paseos sencillos. Como solo teníamos tiempo para hacer una ruta elegimos una de las muchas que parten de Illecillewaet Campground – también muy cerca de Rogers Pass -: Abbot Ridge Trail. Es una ruta dura que nos llevó unas 5.5 horas pero que nos regaló impresionantes vistas panorámicas sobre el monte Sir Donald y el glaciar Illecillewaet. No pudimos hacer más  y tampoco teníamos  más días, así que con mucha pena abandonamos este parque, que es un verdadero paraíso si eres aficionado al senderismo.

El último día dedicamos la mañana a hacer una visita rápida del Mt Revelstoke National Park, un parque bonito pero mucho  menos impresionante que los grandes parques que habíamos visitado. Se puede subir en coche prácticamente hasta la cima del Monte Revelstoke y allí hay un paisaje alpino muy bonito. Dimos un paseo por la zona y disfrutamos de las vistas antes de bajar, y emprender el largo viaje de vuelta hacia Vancouver, donde acabamos el viaje, con numerosas imágenes de la grandiosa naturaleza de los parques nacionales grabadas en la retina.